El estigma del Covid19

 

Que PAREN el Mundo que me BAJO. El estigma del COVID19.

Estoy enfadada con el mundo que hemos creado en esta “nueva normalidad”.

En un tiempo récord de 7 meses, hemos conseguido crear un mundo que nada tiene que ver con el que existía.

Los medios de comunicación, las redes sociales y los gobiernos, han ayudado mucho, pero todos y cada uno de nosotros somos responsables de la sociedad que estamos generando.

La palabra irresponsable es la palabra estrella cada día en nuestras televisiones, los medios escritos y redes sociales, irresponsable, irresponsable, irresponsable, resuena en nuestro cerebro y circula por todas las venas de nuestro cuerpo, mezclándose con la esencia de nuestros sentimientos.

Eres un irresponsable, te dicen, tú tienes la culpa, por ser irresponsable. Y al final, tanto repertirlo, pues nos lo creemos.

Si eres positivo en COVID19, da igual cómo te hayas contagiado. Da igual que estés horas interminables trabajando, atendiendo a personas, día tras día, en este mundo gris, ayudando en lo que puedes en este caos sanitario económico y social, "Seguro que te has contagiado en el café del descanso, o ¿acaso has salido a un bar este fin de semana?, porque este virus solo contagia a irresponsables, algo habrás hecho mal, si te has contagiado eres un irresponsable".

Y mientras tanto, sobrevivimos en El Mundo de la “Nueva Normalidad”:

Un mundo en el que vivimos pendientes del teléfono.  Quizás nos llamen para decirnos que alguien cercano está contagiado, quizás tu marido ("irresponsable, seguro que se ha quitado la mascarilla") o tu hijo ("irresponsable, seguro que se ha ido de botellón"), o un compañero de trabajo ("irresponsable, trabajando no se habrá contagiado ¿con quien ha estado el fin de semana?") o simplemente aquella persona con la que tomaste un café rápido, con mascarilla apenas bajándola para pegar un sorbo ("irresponsables, éso os pasa por ir a los bares, siempre nos dicen que el virus se contagia en los lugares de ocio"- ¡pues sí que es el virus exquisito¡-). Si te avisan, tendrás que correr a tu casa, avisar en el trabajo y en el colegio de los niños, a los vecinos y amigos. Te has convertido en un apestado, por ser irresponsable. Te tienes que quedar en casa. Lo de menos es que no puedas trabajar, que no puedas salir a la calle, que te encuentres enfermo, o ver a la gente que quieres. "Tú te lo has buscado por ser irresponsable. Sino irán a buscarte por que los irresponsables se escapan de casa aunque estén de cuarentena".

Un mundo en el que, cuando por fin consigues una cita en un centro, ya sea para quitarte una muela o teñirte el pelo, te reciben con un termómetro digital en la frente, un chorro de hidrogel y una barrera frente al mostrador. Te miran a la frente con gesto serio. Las pocas personas que están en la sala de espera, te miran con curiosidad, imaginando todo aquello que has hecho mal, afeando conductas imaginarias. Siempre me imagino la situación de que el termómetro marque unas décimas de fiebre. Imagino a la sanitaria, con el termómetro en la mano y gesto acusador, diciéndote que te marches. Imagino la mirada reprobadora de las personas de la sala de espera. Imagino el sentimiento de soledad tristeza falta de empatía, rechazo, "da igual que puedas tener la enfermedad, seguro que es porque eres un irresponsable y te lo mereces".

Un mundo en el que una persona que necesita pedir una jubilación o una prestación por desempleo, al quedarse sin trabajo, tiene que dormir en la calle, porque no hay citas para él, pese a todo lo que se ha esforzado para hacer lo que le decían. "El guarda jurado de la Seguridad Social o SEPE, “no atendemos sin cita previa, no se acerque”. Y ¿cómo puedo pedirla?, Pídala usted por internet, No tengo internet no se hacerlo, Le repito no atendemos sin cita previa, no se acerque por favor, colóquese bien la mascarilla". Portazo en las narices

Un mundo en el que hay personas que mueren por no ser atendidos a tiempo, y mueren de enfermedades que no tienen que ver con el Covid. "No vayas al centro de salud, si te duele aguanta, no tienes síntomas de Covid. Eso puede esperar, no seas irresponsable."

Un mundo de sentimientos enmascarados sin sonrisas (tenemos que aprender a sonreír con los ojos). Un mundo del sálvese quien pueda. Un mundo egoísta del si no me afecta no me importa. Un mundo culpabilizador, en el que se cuestionan todas las conductas y opiniones. Un mundo sin libertad. Un mundo con miedo.  El mundo que muchos creen que nos merecemos porque algunos se han empeñado en convencernos de la culpa es nuestra y no del COVID, porque somos unos irresponsables.

El virus nos iba a hacer mejores y más fuertes, pero no ha sido así, el miedo saca lo peor de nosotros.

Cuando esto comenzó, todos empatizábamos con los contagiados, con las víctimas, sufridores involuntarios de la situación y con los héroes, contagiados en el cumplimiento de su deber, aplausos en los balcones, homenajes a las víctimas, vítores de animo a los convalecientes.  ¿qué nos ha pasado? ¿Por qué nos hemos dejado manipular así?

Ahora si tienes COVID eres un irresponsable, el Covid sólo contagia al que hace las cosas mal, irresponsable, irresponsable, irresponsable, resuena en nuestras cabezas y todos nos sentimos autoridad moralizadora y afeadora de las conductas de los demás. Miramos de reojo a las personas que pasan a nuestro lado, vigilando que no se acerquen, que tengan la mascarilla: "Dios Mío está fumando, toma un café, está sonriendo, ayyy ha ido a un bar, uff hay gente en su casa…" irresponsable irresponsable, irresponsable. No podemos relajarnos, disfrutar es malo, reír es malo, relacionarnos es malo, no hay que ser irresponsable.

Un mundo hipócrita, carente de empatía, y contacto físico, social y emocional. Un mundo de zombies enmascarados que circula por las calles grises de la ciudad, con sus ojos vacíos de sonrisas. Que miran de reojo, pero nunca a la cara, sin hablar ni saludar, no vaya a ser que tengas el virus por irresponsable.

Todos tenemos claro que el COVID es un problema sanitario, económico y social muy grave, que debemos frenar. Nadie con sus facultades en pleno uso quiere contagiarse del virus, la persona contagiada, sea de la forma que sea, es una víctima de la pandemia, no un culpable.

Las consecuencias del contagio, irán mucho más allá de la salud, le confinarán,  aislarán a su familia y amigos, a sus compañeros de trabajo. Deberá avisar a todos, y soportar que le pregunten “¿cómo te has contagiado?", sabiendo que en su fuero interno están pensando “Seguro que es un irresponsable Todos se asustarán, repasarán sus últimos movimientos de forma compulsiva, "¿Cuándo y cómo estuve con él? , Ay Dios, ¿y si me quité la mascarilla?  Oh no, tomamos un café. ¿Seré yo también un irresponsable?"

Todos debemos hacer un esfuerzo en recuperar la empatía y la humanidad que debe de caracterizar a nuestra sociedad y que debe primar en nuestro estilo de vida. Aunque las circunstancias aconsejen que no tengamos tanto contacto físico, debemos de fomentar la comunicación empática, el contacto humano y emocional. Valorar el esfuerzo de todas las PERSONAS que están conduciendo el barco para que no se pare el mundo, con su esfuerzo y su trabajo, asumiendo riesgos para cumplir con su deber. (No quiero nombrar profesiones o actividades, porque ninguna es ni más importante ni menos que otra). Apoyar a las PERSONAS que sufren las consecuencias sanitarias de la Pandemia, positivos y enfermos y las PERSONAS que sufren las consecuencias económicas y sociales, empresas que luchan por mantener sus negocios y sus puestos, sectores destruidos, trabajadores que sufren por perder su empleo, desempleados que no consiguen trabajo, personas sin ingresos….

Todos debemos ser parte de la solución y no del problema. Aún estamos a tiempo de rectificar. Todos nos vemos o veremos afectados por esta   situación más tarde o más pronto, de una forma o de otra. Ayudemos y apoyemos para ser apoyados.

Cuando encontremos   una vacuna para el COVID19, superaremos la pandemia sanitaria pero entonces aún nos quedará un largo camino para curar las enfermedades mentales y del alma. Recuperar la fé y la confianza en los demás. La empatía y la solidaridad.

Mientras tanto, y si ésto no cambia, esperemos que los científicos no tengan también que buscar una vacuna para la estupidez humana. 


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